En mi casa el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, se inaugura oficialmente la Navidad. En este puente, que es también el de la Constitución, aprovechamos para poner los adornos navideños y se abre la veda para comer todo lo relacionado con las fiestas navideñas.

Y entre todos los platos típicos de estas fiestas no falta una bandeja de Cascajo, costumbre que aprendí de mi madre y que se presenta ahora como una de las más saludables y sensatas de las fiestas. Se trata de un postre navideño, definido por la RAE en su segunda acepción, como el conjunto de frutas de cáscaras secas, nueces, avellanas, almendras, piñones, que se suele poner en los hogares durante la Navidad. Se ofrece junto a los turrones y otros dulces al final de las comidas y suele acompañarse de higos secos, uvas pasas, dátiles, orejones y otros frutos secos.
Muchas personas no conocen esta tradición, que se está perdiendo en los hogares jóvenes, pero en muchos pueblos de Castilla y también en sus capitales llegada la Navidad se ponía una bandeja de frutos secos en la sobremesa durante las fiestas navideñas y a nosotros nos gusta mantenerla, entre otras cosas, porque se trata de un postre de temporada, con un aporte vitamínico espectacular, que además te evita consumir más azúcar del necesario.

Cascanueces
El cascajo se ofrece como postre pero también está en el salón a disposición de los invitados que se acerquen a felicitar las Pascuas y para picar a cualquier hora del día. Y es que es en esta época cuando se puede comprar los frutos secos tostados a granel con su cáscara porque parte del disfrute es cascarlos pieza a pieza, con un buen cascanueces y recoger el preciado fruto. El cascajo, como el cardo, la escarola con granada o la lombarda con piñones, otras tradiciones navideñas de antaño, son platos de temporada que aunque a primera vista parecen sencillos pueden llegar a ser muy sofisticados, acompañados de salsas de almendras o piñones y viene muy bien especialmente en las cenas para evitar comidas muy pesadas.

Cascajo en 1790
Se trata de tradiciones que tienen todo el sentido y que me gusta incentivar y compartir con las nuevas generaciones para que no desaparezca una costumbre que ya se citaba en
el Madrid de 1790. En el relato cómico ‘Colación y cena a un tiempo que en la Noche-Buena hicieron dos payos en una casa de Madrid’ se cenaba un 24 de diciembre ensalada
con granada, lombardas, remolachas, peras cocidas, cardo en salsa, sopa de almendra, jalea, perada (dulce de peras), turrones ‘y demás inferior cascajo’.
Y es que en un principio la Iglesia proclamó la Navidad como fiesta de solemnidad con vigilia de ayuno y abstinencia. El día anterior, 24 de diciembre, había que hacer penitencia para participar del misterio de Belén, y eso se traducía en una sola comida al día, sin carne. Y aunque con el paso del tiempo esta costumbre de comer verduras se fue relajando perduró, por mandato de la iglesia, y aunque parezca increíble, hasta el año 1966. De ahí, que las verduras antes mencionadas y el cascajo fuese en muchas zonas de España, y especialmente en hogares donde se estilaba el cumplimiento de los preceptos religiosos, los platos típicamente navideños antes de dar paso a los mariscos, lechazos o foie de pato con Oporto, acordes con los nuevos tiempos y ya consolidados.
Saludable
En esta época en la que el exceso de azúcar ya no está de moda no está de más recuperar viejas costumbres como el cascajo, que además aportan grandes beneficios al organismo. Concretamente los frutos secos de cáscara dura son ricos en lípidos, proteínas, calcio, fibra, vitaminas y minerales, por lo que nos ayudan a regular el colesterol y favorecer la circulación sanguínea, tan necesario en esta época de excesos gastronómicos.
Los frutos secos blandos, por su parte, provenientes de frutas desecadas, como uvas pasas, ciruelas desecadas, orejones de albaricoque y dátiles, concentran todos sus azúcares en la pulpa y la piel del fruto y son ricos en hidratos de carbono y fósforo, mineral necesario para el cerebro y la actividad neuronal.
Aperitivo y postre
En Olibher disponemos de una gran gama de frutos secos que no deben faltar nunca en el hogar y más por estas fechas, ya que se trata de un gran aperitivo o postre para ofrecer antes o después de las copiosas comidas navideñas. Una buena bandeja de cascajo es sinónimo de producto de calidad y saludable que siempre será bien recibido por cualquier invitado y que muchos agradecerán y valorarán como se merece.
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